domingo, 21 de octubre de 2012

Lluvia en Estocolmo

La lluvia cae sobre mí desde un cielo nublado. Son las 6 de la tarde y ya es de noche en Estocolmo; bajan las temperaturas, me refugio en mi sudadera gris, como las nubes. Me escondo tras la gorra debajo de un estridente paraguas fucsia con estampado de leopardo. Intento pasar inadvertida entre la gente y parece que funciona, sólo soy una más entre la multitud, lo que me hizo destacar en otras partes aquí parece no importar.

Noches locas de diversión que terminan tras 2 copas y una coca cola, añorando algo que pensé que no volvería a encontrar y deseando retorcerme en la cama con mil y unas posturas que desencadenen mi extasis interior. Besos, mordiscos y orgasmos, mucho más que eso entre risas y caricias. Lamiendo el interior de mi muslo pierdo la cabeza, me olvido de todas las preocupaciones... como si de un viaje astral se tratara a través de sus ojos y de su sonrisa, que parece que no ocultara nada. Que pudiera reflejarse su alma a través de ellos y sólo yo soy capaz de apreciarlo. Conversaciones banales con tal profundidad y pasión que vuelven absurda a la poesía más delicada. Miradas que me desnudan e intimidan, entre tanto, yo intento parecer dura e insensible, pero no funciona. Mi verdadera personalidad me delata siempre mostrándome tal y como soy aunque quisiera actuar como la que todos los que realmente no me conocen creen que fui "fría, despreocupada, libertina y calculadora". 

Me reafirmo en mis convicciones, demasiadas veces me gustaría cambiar quien soy, me miro en el espejo y me desprecio, pero entonces miro más allá. La moral ajena no me convence y la  hipocresía general me produce pánico. A día de hoy sólo quiero ser yo, disfrutar del momento y vivir mirando hacía delante, sin permitir que nadie trunque mis planes ni me haga sentir inferior.
Empezar otra vez no significa dejar atrás lo vivido, sino crear un nuevo futuro sobre los escombros, reutilizando las piezas que quedaron servibles. Ahora sólo necesito un pilar maestro que me ayude a sostener tantas paredes derrumbadas. Me estoy quedando sin fuerzas, sin voz y me quedé sin lagrimas, no puedo sujetar tanto peso en mis manos, lo saco todo y no lo dejo caer.

Esta vez no dejaré que se rompa, no me dejaré caer...





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