Así es como las personas de carácter fuerte nos formamos, supongo.
He tenido repetidos momentos en los que pensaba que me hundía, que mi mundo se venía abajo pero siempre he encontrado la manera de salir a flote, muchas veces dejándome malherida, heridas que he ido curando durante los años. Algunas de ellas dejaron cicatrices.
Esta última vez me pegó más fuerte que nunca, por todos los lados posibles excepto uno, amigos y familia. Me quedé sin casa, con deudas, con el corazón roto y en busca de un nuevo trabajo, todo lo que podía salir mal estaba saliendo mal. Me sentí triste, enfadada, inútil y decepcionada, pero a diferencia de veces anteriores me permití sentirme así, me permití el duelo pero no hubo un ápice de culpa en mí ni di explicaciones a nadie. Mi vida se había ido al garete de un día para otro y yo no podía haber hecho nada al respecto.
Cuando mis amigos más cercanos me decían que fuera positiva, que las cosas pasan por algo, entonces, una persona de las que dice poco pero que cuando habla siempre acierta, me dio un consejo. Esa persona es mi padre.
El consejo que me dio es el que más me ayudó: "Cariño, estás en una situación de mierda, date tiempo" me dijo - "Nada es para siempre, las cosas buenas no son para siempre así que disfrútalas, y las malas al final terminarán, refúgiate hasta que pase la tormenta".
Y así lo hice.
Aquí me encuentro, 2 meses después, mirando con perspectiva y sintiéndome orgullosa de mi misma, de como convertí un mal momento en nuevas oportunidades y aprendizaje.
Nuevas oportunidades: laborales, de volver a estar cerca de buenos amigos, de ser más sociable y oportunidades de no dejar de ser yo misma. De escuchar a mi intuición. De querer aprender, y no rendirse nunca.
Aprendizaje: No soy siempre la culpable de que las cosas no funcionen pero sí puedo cambiar mi enfoque para minorizar el daño. Cambiando el conformismo por comunicación, porque si algo no me gusta, me molesta o no me hace feliz se tiene que hablar, conformarse ya no es una opción. No dejar atrás las cosas que siempre me hicieron feliz porque me traigan recuerdos tristes, crea nuevos recuerdos.
Salgo de esta última batalla todavía tambaleándome, pero victoriosa. Luchando contra el miedo y la inseguridad, no me rindo ante los próximos retos que me estén esperando, al fin y al cabo, en unos meses cumplo 30, y esto no ha hecho más que empezar.
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