Musica estridente suena mientras me repito que las cosas han cambiado, que estoy donde quise siempre estar y que las cosas sólo pueden ir a mejor, me lo creo durante 30segundos. Un desconocido se acerca y deja una cerveza enfrente mía, ofreciéndomela como quien da una limosna. Acto seguido se larga.
Huyo al lavabo donde nadie sabe si vengo sola o acompañada, donde no me siento juzgada. De vuelta a mi rincón y está ocupado por un grupo de gente que parece divertirse, encuentro un espacio al lado de la barra. Dejo mis trastos en un taburete y me escondo detrás del móvil mientras cada vez me siento más pequeña, más invisible y menos deseable. Se termina la música. Recojo mis cosas y me voy, sin que a nadie le preocupe, sin que nadie preste atención. Vuelvo a casa.

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